
Cuando recorremos Puerto Varas es fácil notar que esta ciudad del sur de Chile tiene una identidad particular. Las antiguas casas de madera, ciertos jardines, la gastronomía, algunos apellidos y diferentes tradiciones recuerdan una historia que comenzó a tomar forma a mediados del siglo XIX: la colonización alemana en Puerto Varas y la cuenca del lago Llanquihue.
Pero esta historia es más amplia que la simple llegada de familias provenientes de Europa. La inmigración alemana formó parte de una política impulsada por el Estado chileno para colonizar territorios del sur del país. El proceso modificó la economía, las ciudades y el paisaje, dejó una importante herencia cultural y también produjo efectos sobre las comunidades que habitaban esos territorios desde mucho antes.
Para entender Puerto Varas como la conocemos hoy, por lo tanto, vale la pena retroceder más de 170 años.
A nosotros esta historia nos resulta especialmente cercana. Cuando llegamos a vivir a Puerto Varas en 2002 no imaginábamos que, años después, descubriríamos una pequeña huella de ese pasado en el mismo terreno donde hoy se encuentra Alma Bosque. Parte de ese espacio había pertenecido al parque de una antigua casa alemana, la Casa Bechthold, construida en 1920.
Esa experiencia nos enseñó algo interesante: en Puerto Varas la historia no está solamente en los libros o museos. Muchas veces continúa presente en una casa, un árbol, una calle o un antiguo jardín.
En este artículo queremos contarte esa historia de manera sencilla: por qué llegaron colonos alemanes al sur de Chile, cómo se relaciona ese proceso con Puerto Varas y qué queda de aquella influencia en la ciudad actual.
¿Por qué llegaron colonos alemanes al sur de Chile?
Para comprender la llegada de los alemanes a Puerto Varas primero tenemos que alejarnos un poco del lago Llanquihue y mirar el contexto general de Chile durante el siglo XIX.
El joven Estado chileno tenía interés en aumentar el poblamiento y promover el desarrollo económico de determinados territorios del sur. Dentro de esa política comenzó a tomar fuerza la idea de atraer inmigrantes europeos que pudieran establecerse como agricultores, artesanos y profesionales.
La llegada de familias germanas, por tanto, no fue un movimiento espontáneo hacia Puerto Varas, sino parte de un proceso organizado que comenzó antes de que la propia ciudad existiera tal como la conocemos actualmente.
La Ley de Colonización de 1845
Un momento fundamental fue la promulgación de la Ley de Colonización de Terrenos Baldíos, el 18 de noviembre de 1845. Esta legislación permitió el establecimiento de colonias extranjeras en determinadas zonas del país y proporcionó el marco para la posterior llegada de inmigrantes al sur.
Conviene detenerse en un detalle. Cuando hablamos actualmente de estos territorios, sabemos que el sur de Chile tenía una historia humana muy anterior al proceso colonizador. Por eso, aunque la legislación y documentos de la época utilizaran expresiones como “terrenos baldíos” o presentaran algunos espacios como deshabitados, esa mirada administrativa no significa que estemos hablando de un territorio sin historia ni presencia indígena.
La colonización debe entenderse dentro de las ideas políticas y territoriales de aquel siglo.
Bernardo Philippi y Vicente Pérez Rosales
Dos personajes aparecen constantemente cuando se estudia la colonización alemana del sur de Chile: Bernardo Eunom Philippi y Vicente Pérez Rosales.
Philippi había recorrido parte del territorio y promovió activamente la idea de establecer colonos germanos. En 1842 encabezó una expedición de reconocimiento hacia el lago Llanquihue, varios años antes de que el proceso de colonización de la cuenca comenzara formalmente.
Posteriormente, Vicente Pérez Rosales asumió un papel central como agente oficial de colonización. Junto con otras gestiones realizadas desde Chile y Europa, se buscó atraer agricultores, artesanos y profesionales que estuvieran dispuestos a establecerse en Valdivia, Osorno y Llanquihue y, posteriormente, en lugares como Puerto Montt y Puerto Varas.
Qué buscaba Chile con la colonización del sur
La intención era poblar territorios, fomentar actividades productivas, abrir caminos, desarrollar la agricultura y estimular el comercio y los oficios.
Por eso conviene diferenciar dos conceptos que a veces utilizamos como si significaran exactamente lo mismo.
La inmigración alemana describe la llegada y establecimiento de personas provenientes de territorios germanos. La colonización alemana, en cambio, fue un proceso político, migratorio, económico y territorial más amplio, impulsado en buena medida por el Estado chileno.
Esa diferencia será importante para entender todo lo que ocurrió posteriormente alrededor del lago Llanquihue.
Antes de la colonización alemana: quiénes habitaban el territorio
Es habitual encontrar relatos sobre Puerto Varas que comienzan directamente en 1853 con la llegada de los colonos alemanes.
Sin embargo, la historia del territorio es muchísimo más antigua.
La formación del paisaje está relacionada con la llamada Glaciación Llanquihue y recuerda además la existencia de vestigios humanos muy antiguos en lugares de la región como Monte Verde, cerca de Puerto Montt, y Pilauco, en Osorno.
Mucho antes de que llegaran inmigrantes europeos, diferentes pueblos habían recorrido y habitado estas zonas.
La presencia de pueblos originarios en el sur de Chile
En el territorio que hoy asociamos a Puerto Varas y la Región de Los Lagos existieron comunidades vinculadas al mundo mapuche, particularmente huilliches o williches, además de otros grupos presentes en zonas costeras y cordilleranas.
Los huilliches, cuyo nombre suele traducirse como “gente del sur”, además de chonos, poyas y puelches en diferentes espacios del territorio.
El proceso colonizador tuvo efectos sobre comunidades Mapuche, Cunco y Huilliche o williche, presentes en la frontera sur, los alrededores del lago Llanquihue y las zonas cordilleranas.
Un territorio con historia antes de la llegada europea
¿Por qué es importante explicar esto en un artículo sobre la colonización alemana?
Porque nos ayuda a evitar la idea demasiado sencilla de que los inmigrantes llegaron a un espacio completamente vacío y comenzaron allí la historia del sur.
Cuando empezaron a instalarse colonos europeos, se encontraron con un territorio que ya tenía habitantes, conocimientos, rutas, formas de relacionarse con el paisaje y una historia propia.
La colonización añadió una nueva capa a esa historia.
Con el paso de las décadas, la llegada de inmigrantes, la transformación de bosques, la creación de caminos y ciudades y el desarrollo de nuevas actividades económicas fueron modificando profundamente el territorio.
Por eso preferimos mirar este proceso sin convertirlo solamente en un relato de “fundación y progreso”. La influencia alemana fue enorme y explica buena parte de la identidad actual de ciudades como Puerto Varas, pero entenderla bien también significa reconocer lo que existía antes y las transformaciones que produjo después.
Esa mirada más amplia permite apreciar mucho mejor el Puerto Varas actual.
La llegada de los colonos alemanes a la zona del lago Llanquihue
La colonización alemana no comenzó directamente en Puerto Varas.
Las primeras etapas se concentraron principalmente en Valdivia y Osorno, para extenderse posteriormente hacia Llanquihue.
En 1846 llegó a Corral un grupo de 34 colonos alemanes que terminó estableciéndose en los Llanos de Osorno. En los años siguientes continuaron llegando nuevas familias y, desde comienzos de la década de 1850, el proceso avanzó con mayor fuerza hacia la zona de Llanquihue.
De Valdivia y Osorno hacia Llanquihue
Vicente Pérez Rosales asumió como agente de colonización en 1850. Durante la etapa desarrollada bajo su dirección, entre 1852 y 1860 llegaron cerca de 700 ciudadanos germanos.
En 1853, Llanquihue y sus alrededores fueron designados como territorio de colonización. El objetivo ya no era solamente continuar los asentamientos existentes en Valdivia y Osorno, sino poblar y comunicar progresivamente la zona de la gran cuenca del lago.
La llegada de colonos a la zona de Puerto Varas
Aquí llegamos al momento que interesa especialmente para comprender el origen de Puerto Varas.
Se sitúa en 1853 la llegada del primer grupo de colonos alemanes a la costa del lago Llanquihue. A fines de ese año, 212 colonos alemanes llegaron al sector de La Fábrica, donde terminaba el camino procedente de Melipulli, la futura ciudad de Puerto Montt.
Puerto Varas todavía no era la ciudad que vemos hoy.
El nombre aparecería formalmente unos años después. En 1859, al delimitarse administrativamente los distritos del territorio de Llanquihue, uno de ellos recibió el nombre Puerto Varas, en homenaje al entonces ministro Antonio Varas. Posteriormente, en 1897, la localidad obtuvo reconocimiento como villa.
Puerto Montt, Puerto Varas y el poblamiento de la cuenca del lago
Puerto Montt y Puerto Varas estuvieron desde el comienzo estrechamente relacionados.
El primero funcionó como puerto y punto de conexión, mientras los nuevos asentamientos avanzaban hacia el lago y las tierras entregadas a las familias colonas.
No fue un crecimiento inmediato ni sencillo. Había que abrir rutas, levantar viviendas, desarrollar terrenos agrícolas y establecer conexiones entre comunidades separadas por bosques y grandes distancias.
Con las décadas, esos pequeños núcleos se transformaron. Surgieron localidades alrededor del lago y los caminos comenzaron a conectar un territorio cada vez más activo.
La ciudad turística que hoy vemos frente al Llanquihue nació, en buena medida, de ese proceso.
¿Cómo influyó la colonización alemana en Puerto Varas?
La huella de la inmigración alemana no se explica únicamente por el número de familias que llegaron. Su influencia se hizo visible en las actividades económicas, la manera de construir, la educación, las asociaciones y numerosos aspectos de la vida cotidiana.
La influencia alemana se proyectó durante décadas en ámbitos como la educación, la arquitectura, los negocios y los círculos empresariales y sociales, formando con el tiempo una cultura chileno-germana.
Agricultura, oficios y desarrollo económico
Muchos de los inmigrantes que llegaron eran agricultores o artesanos, aunque también había comerciantes y profesionales.
Una estadística indica que hacia 1856 se habían establecido 590 familias alemanas en la provincia de Llanquihue. Entre ellas predominaban agricultores y artesanos, junto a profesionales y comerciantes con capacidad para realizar inversiones.
Las nuevas actividades contribuyeron a desarrollar la producción agrícola, el comercio y distintos oficios.
La influencia económica alemana adquirió características diferentes dependiendo de cada territorio. Valdivia, por ejemplo, llegaría a desarrollar una importante actividad industrial. Llanquihue, por su parte, se fue articulando mediante actividades agrícolas, comercio y pequeños centros urbanos comunicados alrededor del lago.
Arquitectura y construcción en madera
Probablemente sea la herencia más fácil de reconocer para un visitante.
Las viviendas de madera, tejuelas, techumbres inclinadas, galerías y distintos detalles constructivos que todavía pueden observarse en Puerto Varas forman parte de un paisaje arquitectónico desarrollado durante varias generaciones.
No se trata simplemente de haber trasladado casas europeas al sur de Chile. Las técnicas y estilos fueron adaptándose al clima, los materiales disponibles y las condiciones locales, dando origen a una arquitectura con identidad propia.
La importancia de este patrimonio es tal que parte del centro de Puerto Varas fue declarado Zona Típica en 1992, y diversos inmuebles recibieron protección como Monumentos Históricos.

Gastronomía, costumbres y vida cotidiana
La influencia alemana también se reconoce en una dimensión más doméstica.
Preparaciones dulces, repostería, panes y diferentes costumbres familiares fueron incorporándose a la cultura del sur y mezclándose progresivamente con ingredientes y tradiciones locales.
Algo parecido ocurrió con las formas de sociabilidad. Clubes, asociaciones, iglesias y actividades comunitarias ayudaron a mantener vínculos entre familias y descendientes de inmigrantes.
Más de un siglo después, muchas de esas influencias ya no se perciben necesariamente como algo “extranjero”. Se han incorporado a la identidad de la zona.
Educación, asociaciones y vida social
La presencia alemana también dejó huella en instituciones educativas y organizaciones sociales.
Destacándose precisamente la influencia que la comunidad germana tuvo en el sistema educativo y en distintas esferas de la vida social chilena.
Y esa es quizá una de las claves para entender la colonización en el presente: su legado dejó de pertenecer exclusivamente a las familias inmigrantes y pasó a formar parte de la historia colectiva del sur de Chile.
La colonización también transformó el territorio
Hablar de la colonización alemana únicamente desde la arquitectura, el comercio o la gastronomía dejaría fuera una parte importante de la historia.
El establecimiento de nuevas poblaciones exigió modificar profundamente el paisaje.
Había que abrir caminos, despejar terrenos, obtener madera, levantar viviendas, habilitar espacios agrícolas y conectar zonas que hasta entonces mantenían características muy diferentes.
Cambios en el paisaje y los bosques
El bosque fue uno de los grandes protagonistas de este proceso.
Los colonos se encontraron con extensas áreas boscosas y el avance de los asentamientos implicó una progresiva transformación del territorio.
Eso modificó la relación entre las personas y el paisaje alrededor del lago Llanquihue. Los espacios destinados a viviendas, agricultura, caminos y posteriormente núcleos urbanos fueron reemplazando o fragmentando parte de la cobertura original.
Esa transformación permite comprender algo que todavía es muy evidente al recorrer esta parte de Chile: la relación entre ciudad, agricultura y bosque forma parte de la historia de la zona.
Consecuencias para las comunidades que ya habitaban la zona
La colonización también tuvo consecuencias humanas.
Hacia fines del siglo XIX eran evidentes los efectos sobre comunidades Mapuche, Cunco y Huilliche o williche vinculadas a estos territorios.
Por eso conviene evitar dos extremos.
El primero sería describir la colonización únicamente como una historia heroica de inmigrantes que “construyeron el sur desde cero”.
El segundo sería ignorar que el proceso produjo importantes desarrollos económicos, urbanos y culturales cuya influencia sigue siendo visible.
La historia real es más compleja.
Una mirada más completa al proceso de colonización
Para nosotros, comprender la colonización alemana en Puerto Varas significa justamente aceptar esa complejidad.
Llegaron familias que tuvieron que adaptarse a un territorio lejano y difícil, establecieron comunidades, desarrollaron actividades económicas y dejaron una profunda herencia cultural. Al mismo tiempo, ese proceso estuvo impulsado por políticas estatales de ocupación y transformación territorial y afectó espacios que tenían una historia previa.
Mirar ambos aspectos no resta valor a la historia. Al contrario, permite entenderla mucho mejor.
Y ayuda a mirar el Puerto Varas actual no como el resultado de una única cultura, sino como un territorio construido mediante encuentros, cambios y distintas capas de memoria.
El legado alemán que todavía se puede ver en Puerto Varas
Esta es quizá nuestra parte favorita de la historia porque no hace falta imaginar el siglo XIX para encontrar sus huellas.
Basta con caminar por Puerto Varas prestando un poco de atención.
La colonización y las generaciones posteriores dejaron señales visibles en edificios, barrios, templos, jardines y costumbres. Algunas son monumentales; otras pasan prácticamente desapercibidas.
Casas, barrios y arquitectura con influencia alemana
Uno de los ejemplos más reconocibles es la arquitectura histórica.
Parte del centro de Puerto Varas está protegida como Zona Típica debido a su patrimonio urbano y paisajístico y al conjunto de construcciones asociadas al desarrollo histórico de la ciudad.
Entre las construcciones más conocidas se encuentra la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Su construcción fue encargada en 1915 a Edmundo Niklitschek y Bernardo Klenner y el templo fue inaugurado en 1918. El Consejo de Monumentos Nacionales señala que se inspiró en la iglesia Marienkirche de la Selva Negra alemana y fue construida utilizando diferentes maderas nativas.
También existe un Templo Luterano, construido durante la década de 1920 y declarado Monumento Histórico en 1992.
Son ejemplos visibles, pero no los únicos.
Jardines, árboles y antiguas propiedades
Aquí nuestra propia historia se cruza de una manera muy concreta con el pasado de Puerto Varas.
Cuando adquirimos en 2008 el terreno donde posteriormente surgiría Alma Bosque, era un lugar cubierto de árboles, arbustos y vegetación; en palabras de nuestra propia historia, era “prácticamente imposible recorrerlo”. Con el tiempo descubrimos que había formado parte del parque de la antigua Casa Bechthold, construida en 1920.
Entre sus árboles añosos encontramos castaños, sauces, palmeras, camelias y otras especies.
Ese descubrimiento cambió nuestra manera de mirar el lugar.
Ya no eran simplemente árboles dentro de un terreno: había también una historia detrás de ellos. Cuando comenzamos a construir las cabañas en 2017 procuramos conservar ese entorno y hacerlo parte del proyecto.
Tradiciones y gastronomía que siguen presentes
La herencia también aparece en lugares menos evidentes.
Está en ciertos dulces y preparaciones, en celebraciones, en nombres familiares y en costumbres que fueron transmitiéndose durante generaciones.
Y probablemente ese sea uno de los rasgos más interesantes del legado alemán del lago Llanquihue: hoy resulta difícil separar completamente lo alemán de lo local, porque después de más de siglo y medio ambos mundos se han mezclado.
La tradición dejó de ser una pieza de museo para formar parte de la identidad cotidiana de la zona.
De la historia al Puerto Varas actual
Puerto Varas ha cambiado enormemente desde aquel asentamiento del siglo XIX.
Hoy es una ciudad turística, residencial y de servicios que recibe visitantes de Chile y otros países. Pero detrás de sus restaurantes, hoteles, barrios y costanera todavía podemos seguir una línea que conecta la ciudad actual con los primeros años de la colonización de Llanquihue.
Cómo reconocer la herencia alemana cuando recorres la ciudad
Si vienes a Puerto Varas y quieres observar esta historia por ti mismo, una buena forma de hacerlo es caminar sin prisa.
Mira las construcciones antiguas y sus materiales. Observa las pendientes de algunos techos, las tejuelas, los revestimientos de madera y los jardines de propiedades tradicionales.
Acércate también a edificios como la Iglesia del Sagrado Corazón y fíjate en cómo las referencias europeas terminaron adaptándose a materiales del sur de Chile.
Después mira más allá de los edificios.
La influencia también aparece en la gastronomía, ciertos comercios, apellidos y distintas tradiciones familiares.
Un patrimonio que continúa formando parte de la vida cotidiana

Cuando nosotros llegamos a Puerto Varas en 2002 buscábamos un lugar cercano a la naturaleza donde establecer nuestra vida familiar. No llegamos pensando en crear un proyecto ligado a la historia de la colonización.
Años después, el descubrimiento del antiguo parque de Casa Bechthold hizo que esa historia se volviera inesperadamente cercana.
Es una experiencia pequeña si la comparamos con un proceso histórico que transformó todo el sur de Chile, pero precisamente por eso nos parece interesante.
Demuestra que el patrimonio no siempre está detrás de una vitrina.
A veces sigue creciendo en un jardín.
Lugares del sur de Chile donde también dejó huella la colonización alemana
Aunque Puerto Varas ocupa el centro de nuestro relato, la colonización alemana del sur de Chile abarcó un territorio mucho mayor.
De hecho, entender otras ciudades ayuda a comprender por qué la influencia germana adquiere características diferentes dependiendo de la zona.
Frutillar y el lago Llanquihue
Frutillar forma parte de este mismo mundo cultural construido alrededor del lago.
Al igual que Puerto Varas y otros asentamientos de la cuenca, su desarrollo estuvo relacionado con las familias que fueron poblando la zona durante el proceso de colonización.
Actualmente es uno de los lugares donde la asociación entre paisaje lacustre y herencia cultural alemana resulta especialmente reconocible.
Puerto Montt y Nueva Braunau
Puerto Montt tuvo una función fundamental como punto de llegada y conexión con los nuevos territorios de colonización.
La relación entre Puerto Montt y Puerto Varas aparece desde los primeros años: los 212 colonos llegados a la futura Puerto Varas en 1853 lo hicieron al sector de La Fábrica, donde finalizaba el camino procedente de Melipulli, nombre antiguo de Puerto Montt.
Posteriores movimientos migratorios también originaron asentamientos en otros sectores., como la instalación de familias en Puerto Varas y el camino hacia Puerto Montt, donde surgió Nueva Braunau.
Osorno y Valdivia
Si retrocedemos cronológicamente, llegamos a dos lugares indispensables: Osorno y Valdivia.
Fue allí donde se desarrollaron algunas de las primeras etapas de la inmigración organizada, antes de la expansión más intensa hacia Llanquihue.
Valdivia llegó a experimentar una importante expansión industrial vinculada a empresarios de origen alemán, mientras Osorno también formó parte desde temprano del proceso migratorio y agrícola.
Por eso, cuando hablamos de la “influencia alemana del sur de Chile”, estamos hablando de una red histórica que va mucho más allá de una única ciudad.
Puerto Varas es una de sus expresiones más visibles y conocidas, pero no fue un fenómeno aislado.
¿Por qué la influencia alemana sigue siendo importante para entender Puerto Varas?
Porque buena parte de la imagen que hoy asociamos con Puerto Varas comenzó a desarrollarse durante aquel proceso y las generaciones posteriores.
La arquitectura es quizá el ejemplo más evidente, pero no es el único.
También existe una herencia en las actividades productivas, la gastronomía, las costumbres, instituciones, apellidos y maneras de ocupar el territorio.
Al mismo tiempo, Puerto Varas ha seguido cambiando.
Han llegado nuevas familias desde distintas partes de Chile y del extranjero, la ciudad ha crecido y el turismo se ha convertido en una actividad muy importante. La identidad local actual es, por tanto, mucho más amplia que su herencia germana.
Quizá la mejor manera de entenderla sea pensar en capas.
Está la historia de los pueblos que ocuparon estos territorios mucho antes del siglo XIX. Está la colonización promovida por el Estado chileno y la llegada de los inmigrantes alemanes. Están sus descendientes y las comunidades que se formaron. Y están también todas las personas que llegaron posteriormente y continuaron transformando la ciudad.
En nuestro caso, llegar a Puerto Varas en 2002 significó incorporarnos mucho después a esa historia.
Cuando descubrimos que el terreno que habíamos adquirido había pertenecido al parque de una casa alemana de 1920 entendimos que esas capas históricas podían estar muchísimo más cerca de lo que imaginábamos.
Por eso creemos que conocer la colonización alemana ayuda a viajar de otra manera por Puerto Varas.
Después de conocer la historia, una casa antigua deja de ser simplemente una casa bonita. Un jardín puede tener otra lectura. Una receta puede revelar un viaje de generaciones. Incluso el trazado entre Puerto Montt, Puerto Varas y las localidades del lago comienza a tener más sentido.
Y esa es quizá la mejor razón para conocer este pasado: nos ayuda a mirar con otros ojos el Puerto Varas del presente.
Conclusión: una historia que todavía se puede observar
La colonización alemana en Puerto Varas comenzó a mediados del siglo XIX dentro de un proceso mucho mayor impulsado en el sur de Chile.
La llegada de familias germanas transformó la economía, los asentamientos, la arquitectura y parte de la cultura de la zona del lago Llanquihue. También modificó el territorio y tuvo consecuencias para las comunidades que lo habitaban previamente.
Más de 170 años después, esa historia continúa siendo visible.
Está en edificios protegidos, templos, antiguas casas de madera, recetas y tradiciones. Pero también puede encontrarse en lugares mucho menos evidentes.
Nosotros lo descubrimos en un antiguo jardín.
Cuando comenzamos la historia de Alma Bosque nunca imaginamos que el terreno que estábamos recuperando había formado parte del parque de una casa alemana de 1920. Sus árboles terminaron convirtiéndose en una pequeña conexión entre aquel Puerto Varas y la ciudad que habitamos actualmente.
Por eso, si visitas Puerto Varas, nuestra recomendación es sencilla: además de mirar el lago, los volcanes y los grandes atractivos naturales, presta atención a la ciudad.
Mira sus casas, sus jardines y sus edificios antiguos.
Porque una parte importante de la historia del sur de Chile todavía está ahí.
Preguntas frecuentes sobre la colonización alemana en Puerto Varas
¿Cuándo llegaron los alemanes a Puerto Varas?
Se sitúa la llegada del primer grupo de colonos alemanes a la costa del lago Llanquihue en 1853. A fines de ese año llegaron 212 colonos al sector de La Fábrica, conectado por camino con Melipulli, la futura Puerto Montt.
La colonización alemana del sur, sin embargo, había comenzado antes en otras zonas como Valdivia y Osorno.
¿Por qué llegaron alemanes al sur de Chile?
Su llegada formó parte de una política promovida por el Estado chileno para colonizar determinados territorios, aumentar su poblamiento y fomentar actividades como la agricultura, los oficios y el comercio.
La Ley de Colonización de 1845 proporcionó un marco legal para establecer colonias extranjeras en diferentes zonas del país.
¿Quién impulsó la colonización alemana en Chile?
Hubo diferentes protagonistas.
Bernardo Philippi fue uno de los principales promotores iniciales y realizó exploraciones y gestiones relacionadas con la colonización. Posteriormente Vicente Pérez Rosales asumió como agente oficial y desempeñó un papel fundamental en la llegada y establecimiento de nuevas familias.
¿Qué aportaron los colonos alemanes a Puerto Varas?
Su influencia se manifestó en áreas como agricultura, comercio, oficios, arquitectura, educación y diferentes formas de organización social.
Con el tiempo, esas influencias se mezclaron con las existentes en el territorio y contribuyeron a desarrollar una cultura chileno-germana visible en diferentes zonas del sur.
¿Qué queda hoy de la colonización alemana en Puerto Varas?
La herencia puede observarse especialmente en la arquitectura histórica, iglesias, antiguas viviendas y sectores patrimoniales. También permanece en gastronomía, tradiciones y distintos elementos de la cultura local.
Parte del centro de Puerto Varas fue declarado Zona Típica y varios edificios cuentan con protección patrimonial.
Pero también existen huellas más pequeñas. En nuestro caso, por ejemplo, parte del terreno de Alma Bosque perteneció al parque de la Casa Bechthold, construida en 1920, y todavía conserva árboles que formaban parte de aquel espacio.
¿La colonización alemana ocurrió solamente en Puerto Varas?
No. Fue un proceso mucho más amplio.
Entre los principales territorios relacionados con la colonización alemana se encuentran Valdivia, Osorno y Llanquihue, y posteriormente ciudades y localidades como Puerto Montt, Puerto Varas y Nueva Braunau.

