Quienes hemos tenido la oportunidad de recorrer Puerto Varas sabemos que uno de sus grandes encantos está en la naturaleza. Las hortensias que florecen durante el verano, los grandes árboles que acompañan las antiguas casonas y los jardines que parecen formar parte del paisaje desde siempre crean una atmósfera muy especial alrededor del Lago Llanquihue.
Pero ¿alguna vez te has preguntado de dónde vienen esas flores y árboles? ¿Cuáles son originarios del sur de Chile y cuáles llegaron desde otros lugares del mundo?
La respuesta nos lleva a un capítulo fascinante de nuestra historia: la colonización alemana del siglo XIX y su influencia en la transformación del paisaje del sur de Chile.
La llegada de inmigrantes europeos dejó huellas en la arquitectura, las tradiciones y las actividades productivas de ciudades como Valdivia, Osorno, Frutillar, Puerto Varas y Puerto Montt. También contribuyó a cambiar sus espacios verdes, a través de la agricultura, la introducción y cultivo de especies ornamentales y la creación de jardines y parques.
Esta historia tiene, además, un vínculo muy cercano con nosotros. En Cabañas Alma Bosque, en Puerto Varas, nuestro proyecto familiar nació en un terreno que antiguamente formaba parte del parque de una casona alemana. Sus árboles y jardines nos permiten observar cómo parte de ese pasado sigue presente en el paisaje actual.
Te invitamos a descubrir una historia en la que se encuentran naturaleza, patrimonio y cultura, pero también importantes aprendizajes sobre la necesidad de proteger nuestros ecosistemas.
Un paisaje que comenzó a transformarse con la colonización alemana
La llegada de los colonos a la cuenca del Lago Llanquihue
Para comprender la influencia alemana en la vegetación del sur de Chile, debemos remontarnos a mediados del siglo XIX.
En 1845, el Estado chileno promulgó una Ley de Colonización que impulsó el establecimiento de inmigrantes europeos en distintos territorios del sur. Entre los principales protagonistas de este proceso estuvieron Bernardo Philippi y Vicente Pérez Rosales, quienes participaron en las gestiones para promover la inmigración alemana.
Los colonos llegaron con conocimientos agrícolas, oficios, costumbres y formas de organizar el espacio rural. Sin embargo, el territorio al que arribaron era muy distinto del paisaje europeo que conocían.
La cuenca del Lago Llanquihue estaba cubierta en gran parte por extensos bosques templados lluviosos. Estos ecosistemas albergaban una enorme diversidad de árboles, arbustos, helechos, musgos y otras especies que se habían desarrollado mucho antes de la llegada de los europeos.
Tampoco se trataba de un territorio deshabitado. Las comunidades indígenas, especialmente las vinculadas al pueblo mapuche-huilliche o williche, tenían una larga historia de ocupación y relación con estos ambientes.
Con el establecimiento de los nuevos asentamientos, la actividad humana comenzó a modificar intensamente grandes extensiones del paisaje.
Del bosque nativo a los campos cultivados y jardines
Uno de los cambios más importantes asociados a la colonización fue la transformación del suelo para actividades productivas.
Muchos terrenos cubiertos de vegetación nativa fueron despejados para construir viviendas, habilitar caminos, establecer cultivos y desarrollar la ganadería. La tala y las quemas de bosque formaron parte de un proceso que redujo considerablemente la superficie de vegetación original en determinadas zonas.
Esta transformación no estuvo exenta de consecuencias. La pérdida de bosque nativo significó también la alteración de hábitats y de las relaciones ecológicas entre las distintas especies.
Al mismo tiempo, alrededor de casas y establecimientos rurales comenzaron a desarrollarse huertos, jardines y plantaciones con especies procedentes de otros lugares del mundo.
Así, con el paso de las décadas, el paisaje fue adquiriendo una nueva apariencia: praderas abiertas, construcciones de influencia europea, caminos arbolados y jardines ornamentales se combinaron con los bosques nativos que permanecieron en el territorio.
El paisaje que hoy conocemos alrededor del Lago Llanquihue es, en parte, el resultado de esa convivencia entre naturaleza e historia. No todo lo que vemos es originario de la zona, ni todas las especies introducidas llegaron con los primeros colonos alemanes. Sin embargo, la colonización ayudó a consolidar una nueva forma de habitar y organizar los espacios verdes.
¿Qué flores introdujeron o popularizaron los colonos alemanes?
Una de las expresiones más visibles de la influencia europea en el sur de Chile está en sus jardines floridos.
Durante el proceso de colonización y en las décadas posteriores, diversas plantas ornamentales comenzaron a cultivarse y a formar parte de los jardines particulares y parques de la región.
Entre las especies que actualmente asociamos con ese estilo paisajístico se encuentran las hortensias, rosales, camelias, dedaleras y distintas plantas de bulbo.
Es importante señalar que el origen geográfico de estas especies no siempre es Alemania. Muchas provienen de Asia, de otras regiones de Europa o de distintos continentes. Lo relevante es que su cultivo se relacionó con tradiciones de jardinería europeas que adquirieron especial presencia en el sur de Chile.
Hortensias, las protagonistas de los jardines de Puerto Varas
Si hay una flor que muchas personas relacionan inmediatamente con Puerto Varas, es la hortensia.
Sus grandes inflorescencias, que pueden presentar tonos azules, rosados, violetas o blancos, decoran jardines y espacios verdes, especialmente durante los meses de verano.
Aunque parecen haberse adaptado perfectamente al paisaje sureño, las hortensias más comunes en los jardines, como Hydrangea macrophylla, son originarias de Asia, principalmente de Japón, y no pertenecen a la flora nativa chilena.
Su presencia se vincula con la difusión de la jardinería ornamental de inspiración europea, especialmente en casas y jardines históricos del sur.
El clima templado y húmedo de Puerto Varas favorece su cultivo, ya que estas plantas suelen desarrollarse bien en suelos con humedad suficiente y lugares protegidos del sol intenso.
Una de sus curiosidades más conocidas es que, en algunas variedades, la coloración de las flores se relaciona con características químicas del suelo, particularmente con su acidez y la disponibilidad de aluminio.
Por eso, las hortensias pueden convertirse también en una excelente oportunidad para acercarnos al mundo de la botánica: detrás de sus colores existe una interesante relación entre las plantas y el ambiente en que crecen.
Rosales, camelias, dedaleras y otras flores ornamentales
Las hortensias no son las únicas protagonistas de los jardines del sur de Chile.
Entre las plantas ornamentales asociadas a los jardines de tradición europea también encontramos:
- Rosales: cultivados por la diversidad de sus flores, colores y aromas. Durante siglos han ocupado un lugar importante en la jardinería europea.
- Camelias: arbustos originarios principalmente de Asia, apreciados por sus flores y hojas persistentes. Muchas variedades se adaptan bien a las condiciones templadas y húmedas del sur.
- Dedaleras: conocidas por sus flores tubulares que crecen en espigas verticales. Son vistosas, pero contienen sustancias tóxicas, por lo que no deben ingerirse.
- Narcisos y tulipanes: plantas bulbosas utilizadas para aportar color en distintas temporadas del año.
- Lupinos ornamentales: presentes en numerosos paisajes del sur, aunque algunas especies introducidas pueden propagarse fuera de los jardines y alterar ambientes naturales.
La belleza de estas flores es indiscutible, pero su presencia también nos invita a distinguir entre especies ornamentales cultivadas y plantas que pueden expandirse de manera descontrolada.
Una especie exótica no es necesariamente invasora, aunque algunas pueden llegar a serlo cuando se establecen, se dispersan y generan impactos sobre los ecosistemas locales.
Por eso, disfrutar de un jardín florido también implica aprender a seleccionar y manejar responsablemente las plantas que incorporamos.
Los árboles que cambiaron el paisaje del sur de Chile
Castaños, tilos, arces y otras especies de origen extranjero
La influencia de la jardinería europea también se aprecia en los árboles que rodean antiguas viviendas y parques de la zona.
Entre las especies de origen extranjero presentes en distintos jardines históricos del sur de Chile se encuentran castaños, tilos, arces, abedules y robles europeos.
Cada una aporta características diferentes al paisaje.
Los castaños, por ejemplo, destacan por su gran tamaño y sus frutos característicos. Los tilos son apreciados por su copa y floración aromática, mientras que muchos arces llaman la atención por los cambios de color de sus hojas durante el otoño.
Los abedules, con sus troncos claros, también son habituales en jardines de inspiración europea.
Estos árboles ofrecían sombra, ornamentación y, en algunos casos, recursos útiles como frutos o madera.
Además, contribuían a reproducir una imagen del paisaje familiar para quienes habían emigrado desde Europa.
No obstante, conviene recordar que la presencia actual de un árbol europeo no demuestra por sí sola que fuera plantado por un colono alemán. Para conocer su historia particular es necesario considerar la antigüedad del jardín y, cuando sea posible, revisar documentos o antecedentes del terreno.
El valor de los árboles centenarios en los antiguos parques
En Puerto Varas, algunos árboles de antiguos parques constituyen verdaderos testigos del paso del tiempo.
Su valor va mucho más allá de su tamaño o apariencia. Pueden ayudar a reconstruir la historia de una propiedad, los gustos paisajísticos de otras épocas y las transformaciones de la ciudad.
En nuestro caso, esta relación con el pasado es especialmente significativa.
Cuando llegamos a Puerto Varas en 2002, buscábamos vivir cerca de la naturaleza y construir un proyecto familiar en un entorno que nos permitiera disfrutar de ella.
En 2008 adquirimos un terreno contiguo a nuestra vivienda. Estaba tan cubierto de árboles, arbustos y vegetación que recorrerlo resultaba difícil.
Con el tiempo descubrimos que el terreno había formado parte del parque de la antigua Casa Bechthold, construida en 1920.
Entre sus árboles y plantas encontramos castaños, sauces, palmeras y camelias, especies que hoy forman parte de la identidad de Alma Bosque.
Este descubrimiento cambió nuestra manera de mirar el lugar. Ya no se trataba únicamente de un terreno arbolado, sino de un espacio con una historia que merecía ser reconocida y conservada.
Es una experiencia que nos recuerda algo importante: a veces el patrimonio de una ciudad no está solamente en sus edificios. También puede encontrarse en los árboles que los acompañan.
Los jardines alemanes: mucho más que espacios decorativos
Jardines que evocaban Europa y la vida familiar
Para muchas familias de origen alemán, el jardín representaba una extensión natural de la vivienda.
En diferentes tradiciones rurales europeas, era habitual combinar plantas ornamentales, árboles frutales y espacios destinados al cultivo de alimentos.
Ese vínculo entre la casa y su entorno vegetal también se manifestó en el sur de Chile.
En algunos hogares, especialmente aquellos que contaban con mayores recursos, los jardines se transformaron en espacios cuidadosamente organizados, con senderos, praderas, árboles de sombra, flores y huertos.
Además de su función decorativa, estos lugares podían representar bienestar familiar, arraigo y una conexión emocional con los paisajes que los inmigrantes habían dejado atrás.
También servían como escenarios para encuentros familiares, celebraciones y actividades cotidianas.
Esto ayuda a comprender por qué muchas casonas de influencia alemana se construyeron rodeadas de jardines amplios, donde la vivienda y la vegetación formaban un conjunto.
Los jardines eran una manera de expresar identidad, pero también una forma de establecer vínculos con el nuevo territorio.
La historia de los parques y casonas de Puerto Varas
Al recorrer Puerto Varas es posible apreciar cómo la arquitectura y la vegetación se complementan.
Las construcciones tradicionales de madera, los jardines floridos y los árboles de gran tamaño forman parte de una imagen urbana reconocible que combina diferentes etapas de la historia de la ciudad.
Algunos espacios verdes nacieron vinculados a viviendas particulares y, con el tiempo, se transformaron junto con las propiedades que los contenían.
La historia de Alma Bosque refleja esa continuidad.
En 2017 decidimos comenzar la construcción de nuestras cabañas, procurando conservar el entorno arbolado que habíamos conocido y valorado durante años.
Nuestro objetivo fue desarrollar un proyecto familiar que permitiera recibir a quienes visitan Puerto Varas sin perder la relación con la naturaleza y la historia del terreno.
Hoy, los árboles y jardines siguen siendo parte fundamental de la experiencia del lugar.
Y aunque no podemos afirmar que todos los ejemplares actuales hayan sido plantados durante la época de la Casa Bechthold, sí sabemos que el terreno perteneció a su antiguo parque y que esa conexión histórica es parte de nuestra identidad.
Preservar y contar estas historias permite que el patrimonio vegetal sea comprendido también por nuevas generaciones.
Flora nativa y especies introducidas: dos historias que conviven
Copihues, arrayanes, notros y otras especies nativas
Antes de la llegada de los colonos europeos, el sur de Chile ya contaba con una riqueza vegetal extraordinaria.
Los bosques templados lluviosos se caracterizan por una amplia variedad de especies adaptadas a las condiciones ambientales de la zona.
Entre las plantas y árboles que forman parte de este patrimonio natural encontramos:
- Copihue (Lapageria rosea): enredadera nativa, reconocida por sus grandes flores acampanadas. Es la flor nacional de Chile.
- Arrayán (Luma apiculata): árbol nativo de corteza característica y flores blancas, presente en ambientes húmedos.
- Notro (Embothrium coccineum): árbol o arbusto nativo que destaca por sus llamativas flores rojas.
- Canelo (Drimys winteri): árbol nativo de gran importancia ecológica y cultural, especialmente para el pueblo mapuche.
- Temu (Blepharocalyx cruckshanksii): árbol nativo asociado a ambientes húmedos.
- Ulmo (Eucryphia cordifolia): árbol característico de los bosques del sur, conocido por su floración blanca y su relación con la producción de miel.
- Coigüe (Nothofagus dombeyi): uno de los grandes árboles que pueden formar parte de los bosques templados del sur de Chile.
Estas especies, junto con helechos, musgos, hongos y muchas otras formas de vida, integran ecosistemas complejos.
No son solamente elementos decorativos. Proporcionan hábitats, contribuyen al funcionamiento de los bosques y mantienen relaciones con aves, insectos y otros organismos.
Conocerlas es una manera de comprender qué hace tan singular a la naturaleza del sur de Chile.
Las consecuencias ambientales de la transformación del paisaje
La historia de la colonización alemana también debe observarse desde una perspectiva ambiental.
La introducción de jardines y especies ornamentales es solo una parte de una transformación mucho más amplia.
La expansión agrícola, la ganadería, la tala y las quemas modificaron grandes superficies de vegetación nativa. Estos cambios tuvieron consecuencias sobre el suelo, los hábitats y la biodiversidad.
Además, el proceso de colonización afectó los territorios y formas de vida de las comunidades indígenas que habitaban la región desde mucho antes.
Por eso, al hablar del legado europeo en el paisaje, es importante evitar una mirada que se concentre exclusivamente en los jardines y las construcciones.
Hoy sabemos que conservar la biodiversidad requiere proteger la vegetación nativa, recuperar áreas degradadas y prevenir la dispersión de especies exóticas invasoras.
Esto no significa que todos los jardines ornamentales deban desaparecer. Significa que podemos disfrutar de las plantas introducidas y, al mismo tiempo, comprender sus diferencias con las especies propias de nuestros ecosistemas.
Un jardín responsable puede incorporar vegetación nativa, ofrecer refugio y alimento a diferentes organismos y mantener las especies ornamentales bajo un manejo adecuado.
El desafío está en encontrar una relación equilibrada entre nuestro patrimonio cultural y la conservación de la naturaleza.
El patrimonio vegetal de Puerto Varas que todavía podemos descubrir
Los antiguos jardines y árboles de la cuenca del Lago Llanquihue
Puerto Varas y otras localidades de la cuenca del Lago Llanquihue ofrecen múltiples oportunidades para observar las huellas históricas presentes en el paisaje.
En jardines particulares, parques y sectores urbanos podemos encontrar especies ornamentales que reflejan diferentes influencias culturales.
Al recorrer estos espacios, vale la pena observar más allá de las flores.
Por ejemplo, podemos preguntarnos:
- ¿El árbol que estamos mirando es nativo de Chile o fue introducido desde otro continente?
- ¿Qué características del clima permiten que esta especie crezca aquí?
- ¿El jardín pertenece a una propiedad antigua?
- ¿Las plantas están organizadas de alguna manera especial?
- ¿Qué especies nativas podemos reconocer en los alrededores?
Estas preguntas transforman un paseo cotidiano en una pequeña experiencia de aprendizaje.
También permiten comprender que los jardines no son espacios estáticos. Cambian con las estaciones, crecen, envejecen y requieren cuidados constantes.
En una zona como Puerto Varas, donde la lluvia, la humedad y la vegetación forman parte de la vida diaria, observar las plantas puede convertirse en una forma sencilla de conectarnos con nuestro entorno.
Conservar los jardines históricos y cuidar la biodiversidad local
Los jardines antiguos pueden tener valor cultural, paisajístico y, en determinadas condiciones, ambiental.
Sin embargo, conservarlos no consiste simplemente en mantener todos los árboles o plantas presentes.
También implica conocer su estado, identificar las especies, evaluar posibles riesgos y tomar decisiones responsables sobre su manejo.
En Alma Bosque hemos querido mantener una relación respetuosa con el entorno que nos rodea.
A partir del desarrollo de nuestras cabañas, hemos incorporado distintas prácticas de sustentabilidad que buscan reducir el impacto de nuestra actividad.
Entre ellas están el compostaje de residuos orgánicos para utilizarlos como abono en nuestros jardines, el reciclaje de materiales, el uso responsable del agua y la mantención de jardines con especies adaptadas a las condiciones del lugar.
También utilizamos iluminación de bajo consumo y termos solares, además de promover medidas para reducir el uso innecesario de recursos durante las estadías.
Estas acciones no eliminan todos los efectos ambientales de la actividad turística, pero forman parte de un esfuerzo por gestionar nuestro espacio de manera más consciente.
Creemos que la historia de un jardín también puede inspirar una forma distinta de relacionarnos con la naturaleza: apreciar lo que hemos recibido, conocer su valor y pensar en cómo queremos conservarlo para el futuro.
Una herencia viva: naturaleza, historia y conservación
La influencia de la colonización alemana en la flora del sur de Chile se puede apreciar todavía en numerosos jardines, parques y paisajes de Puerto Varas y la cuenca del Lago Llanquihue.
Las hortensias, camelias, rosales y árboles de origen extranjero nos hablan de intercambios culturales, formas de vida y tradiciones de jardinería que se desarrollaron a lo largo de generaciones.
Pero esta historia también nos recuerda que el paisaje ha experimentado transformaciones profundas, algunas de las cuales afectaron negativamente a los bosques nativos y su biodiversidad.
Por eso, conocer el origen de las plantas que nos rodean es mucho más que aprender sus nombres. Es una oportunidad para descubrir la relación entre las personas, la historia y los ecosistemas.
En Cabañas Alma Bosque sentimos una conexión especial con esta historia. Saber que nuestro terreno formó parte del parque de una antigua casa alemana nos invita a valorar los árboles y jardines que todavía nos acompañan y a continuar desarrollando nuestro proyecto con respeto por el entorno.
La próxima vez que recorras Puerto Varas, observes una hortensia en flor o descanses bajo la sombra de un gran árbol, te invitamos a mirar con un poco más de curiosidad.
Tal vez descubras que el paisaje tiene mucho más que contar de lo que parece a primera vista.
Preguntas frecuentes sobre la flora y la colonización alemana
¿Qué flores trajeron los colonos alemanes al sur de Chile?
La colonización alemana contribuyó a difundir tradiciones de jardinería ornamental con plantas como hortensias, rosales, camelias, dedaleras y distintas flores bulbosas. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para atribuir a los colonos alemanes la primera introducción de cada una de estas especies en Chile. Algunas ya circulaban mediante otros procesos históricos y comerciales.
¿Las hortensias son originarias de Puerto Varas?
No. Las hortensias ornamentales más conocidas en la zona, como Hydrangea macrophylla, son originarias de Asia. Su presencia en Puerto Varas se debe al cultivo de plantas introducidas, favorecido por las condiciones climáticas de la región.
¿Qué árboles europeos se encuentran en la zona del Lago Llanquihue?
Entre los árboles de origen europeo o de otras regiones del hemisferio norte que pueden encontrarse en jardines del sur destacan castaños, tilos, abedules, arces y robles europeos. Su presencia varía según el jardín y la historia de cada propiedad.
¿Cómo afectó la colonización alemana al bosque nativo?
La colonización estuvo asociada a la tala y despeje de bosques para establecer cultivos, praderas, viviendas, caminos y otras actividades. Esto provocó transformaciones ambientales y pérdida de hábitats. El proceso también tuvo efectos sociales y territoriales sobre las comunidades indígenas de la región.
¿Por qué son importantes los jardines históricos de Puerto Varas?
Porque pueden conservar testimonios de distintas épocas de la ciudad, reflejar tradiciones culturales y contribuir a la identidad paisajística local. Su conservación debe considerar tanto el valor patrimonial como el cuidado ambiental y el manejo responsable de las especies.

